Este es el espacio desde el que a través de mi trabajo pongo a tu disposición todos los conocimientos que voy adquiriendo desde que me sentí atraída por esta profesión que es una parte importante de mi visión sobre la vida.

En todos estos años de formación, y cada vez con más fuerza, siento que para trabajar sobre un síntoma y sobre el dolor que éste manifiesta, requiere globalizar al individuo, a esa persona que llega a mis manos.

 

El lenguaje escrito en el cuerpo que implica nuestras propias limitaciones, el no contactar con nuestra esencia, el no trabajarnos desde dentro, a veces implica que a la larga tengamos que pagar con creces aquello a lo que no dimos importancia.

Nuestro cuerpo es nuestra casa, nuestro hogar irreemplazable, del que a veces nos olvidamos; hasta el momento en el que nos envía señales en el lenguaje del dolor, que resultan ser signos y síntomas, que indican que existe un desequilibrioque se ha estructurado en él.

Cuando  está equilibrado, el movimiento es libre, y no solicita más que a aquellos músculos que necesita para realizar un gesto justo; cuando no es así, hacemos todo lo posible por recuperar ese dominio que ya no nos pertenece.

Hemos de contactar  con nosotros mismos, escucharnos, sentirnos, e implicarnos en nuestra cura a todos los niveles; entonces comenzaremos a sanar.

“En el estado emocional de un hombre, se puede ver la proyección de sus desequilibrios”

El dolor es silencioso, quieto, interno y propio; es un estado de soledad, es estar en contacto con lo que sentimos, nuestra carencia, pero también nuestra esencia